‘Oslo, 31 de Agosto’ – No hay más paraísos que los perdidos

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Éste es Anders. Noruego, treintañero, educado e inteligente. También es drogodependiente en rehabilitación.

Anders piensa que ha echado a perder su vida. Todo el tiempo que han consumido las drogas no va a poder recuperarlo, y empezar de cero es una batalla que no sabe si quiere luchar.

Cuando le conocemos está a punto de suicidarse. No va a contarlo. Miente porque sabe que no es eso lo que los demás quieren oír. Aunque les interesase, están absortos en sus propios problemas, son esclavos de sus discursos personales y sólo contemplan soluciones que a ellos les servirían.

Anders está solo.

Y aunque funcional, la vida se entretiene en ponerle escollos. En hacerle ver qué posibilidades tiene, y cuáles no. Los prejuicios a los que se enfrenta. Le tienta con momentos de paz que podría llegar a disfrutar y de los que decide privarse, porque ha tomado ya una decisión y prefiere al menos dejar abierta esa posibilidad.

Una cosa queda clara: nuestros peores enemigos somos nosotros mismos.

Oslo 31 de Agosto 1

Se ha filmado en esta película el transcurso de un día crítico para nuestro protagonista: tiene una entrevista de trabajo en la capital, y quiere aprovechar para reencontrarse con familia y amigos. Vemos en pantalla cada desplazamiento, cada gesto, cada paisaje urbano. En este recorrido, hay una escena muy significativa situada en un bar; la cámara, convertida en sus ojos y oídos, se pasea entre la gente escuchando conversaciones ajenas. La vida está ahí, frente a él. Pero Anders se ha situado como espectador, como sujeto pasivo que se limita a observar.

A medida que avanza la cinta, vemos cómo todos sus intentos de comunicación dejan una terrible sensación de vacío. Buenas palabras, memorias de hace años, asuntos no resueltos y cada golpe menos asumible. Menos cosas a las que aferrarse, pero también menos de las que depender. Y en el fondo, como espectadores, hubiéramos deseado cruzarnos en su camino para, tal vez, ofrecerle algo de esperanza.

Oslo 31 de Agosto

Contemplativa y de ritmo algo irregular, pero con un guión que comunica por igual en lo que calla que en lo que cuenta, es una excelente película.

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